Aurora murió luchando por justicia para su hija. Tras una dolorosa batalla legal que le costó la vida, el próximo 15 de junio se dictará la sentencia contra el presunto culpable.
Por Claudia V. Arriaga Durán.
Macuspana, Tabasco, 9 de junio de 2026.- El 9 de junio de 2018, Nancy Jaqueline Arias Narvaez fue víctima de feminicidio en Macuspana, Tabasco. Tras una dolorosa y desgastante lucha legal que terminó por costarle la vida a su madre, Aurora, el próximo 15 de junio por fin se llevará a cabo la audiencia donde se espera que le den su sentencia al presunto culpable: su esposo y padre de sus dos hijas, Esmelin N.
El acusado se dio a la fuga y estuvo escondido durante tres años, escapó el mismo día que las autoridades sacaron la orden para atraparlo. Al final lo detuvieron el 1 de noviembre de 2021 en un municipio vecino a Macuspana, mientras manejaba el carro de Nancy y andaba acompañado de su familia.
Aunque el Servicio Médico Forense (Semefo) dejó claro que Nancy murió por golpes graves en la cabeza y en la cara, la familia de su esposo intentó armar un cuento para hacer pasar el feminicidio como si hubiera sido un simple accidente.
“Dijeron que se había resbalado en el lavadero, que al salir se cayó y se golpeó la nuca. Pero yo me di cuenta de que eso no era una caída; si te desnucas te quedas inconsciente, ¿pero por qué iba a estar golpeada de todo el cuerpo y de la cara?”, platicó Emmanuel Arias, hermano de Nancy.
Las trampas en el lugar del crimen saltaron a la vista desde el principio: movieron el cuerpo de Nancy, la bañaron y hasta le cortaron las uñas por completo para borrar cualquier rastro de que se hubiera defendido.
“El reporte del médico decía que tenía heridas y señales de que se defendió en una pelea, que le pegaron con algo duro. Además, ella siempre traía las uñas largas y se las dejaron bien cortitas”, recordó Emmanuel. Él fue el primero en deprimirse y enterarse de la tragedia mientras esperaba a Nancy para jugar un partido de fútbol. Al llegar a la casa, el cuerpo de su hermana ya estaba frío, tenía la frente y los labios morados, y la cara rota. Incluso se le notaba la marca de un dedo pulgar en el cuello, señal de que la habían estado asfixiando.
El doloroso costo de la impunidad y la urgencia de justicia
Nancy trabajaba como prefecta y Esmelin como subdirector en la misma secundaria. Aunque en la escuela la apoyaron y le guardaron su plaza a la familia, el historial de violencia machista ya venía de tiempo atrás. En 2006, Nancy ya se había separado de él y lo había denunciado por una golpiza, pero decidió perdonarlo por sus hijas y porque él prometió que iba a cambiar. Aun así, compañeros de la escuela sabían perfectamente cómo la maltrataba; incluso alguien vio cuando él intentó ahorcarla en una ocasión. Todo indica que Nancy prefirió callar por miedo y por pena.
La búsqueda de justicia terminó cobrándole la vida a otra integrante de la familia. Maura, la mamá de Nancy, murió a los 75 años sin ver tras las rejas al asesino de su hija. Después de encabezar marchas y plantones, su salud se vino abajo en 2023 cuando le dijeron que el tipo podría salir libre. La impresión fue tan fuerte que, a los diez minutos de ir a preguntar a la fiscalía, le dio un derrame cerebral del que ya no se recuperó.
Aparte de la exigencia de justicia, Aurora se desgastó por años peleando la custodia de sus nietas, que tenían cinco y 12 años cuando ocurrió el feminicidio de su mamá. Como vivían en la misma casa, la familia del acusado se quedó con ellas a la mala y no dejaron que la abuela materna se las llevara. Aunque logró que un juez le diera permiso de verlas los domingos, la familia de Esmelin siempre le puso trabas y les lavó el coco a las niñas para que dijeran que no querían verla, rompiendo por completo la bonita relación que tenían antes.
Hoy, la familia Arias no quita el dedo del renglón y espera un castigo ejemplar, en un estado donde el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública ya suma cuatro feminicidios oficiales en lo que va de 2026.



