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Estudiantes señalan irregularidades en el registro de la Beca Juventudes Renacimiento en Yucatán.

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Por Sofía Vital

La Secretaría de Bienestar del Gobierno de Yucatán difundió un comunicado oficial, fechado el 19 de septiembre de 2026, dirigido a las y los estudiantes aspirantes al Programa Juventudes Renacimiento de las universidades públicas participantes del estado. En el documento, la dependencia reafirma su compromiso con la formación académica de las juventudes yucatecas y describe a la Beca Juventudes Renacimiento como un apoyo permanente, cuyo propósito es que más jóvenes puedan continuar con sus estudios superiores sin interrupciones por falta de recursos.

El comunicado precisa que el programa fue diseñado para acompañar a las y los universitarios en su trayectoria académica para que ninguna joven o ningún joven tenga que interrumpir su formación por falta de recursos y que el prerregistro se realiza con base en las Reglas de Operación emitidas y publicadas en el Diario Oficial del estado. La Secretaría añade que reconoce el interés y las solicitudes de registro recibidas, y que estas están siendo atendidas por personal de la dependencia. Textualmente, el documento señala: la dependencia reconoce el interés y el compromiso de las y los estudiantes que han acudido a solicitar su registro y que el personal de la Secretaría permanecerá trabajando para que más jóvenes yucatecos tengan la oportunidad de acceder a este apoyo.

Respecto a quienes no lograron completar su registro en este periodo, el comunicado indica que en los próximos procesos de apertura de convocatoria, se estarán considerando a las y los estudiantes de continuidad  y hace un llamado a la comunidad estudiantil a informarse exclusivamente a través de los medios oficiales del programa, el portal bienestar.yucatan.gob.mx y becajuventudes.yucatan.gob.mx, señalando que solo estos medios se consideran como oficiales y que cualquier otra información que circule por otros canales no tiene ese carácter. 

De manera paralela a este comunicado, en publicaciones y comentarios en redes sociales, particularmente en la página oficial de Facebook de la Secretaría de Bienestar de Yucatán, un número de estudiantes de distintas universidades públicas del estado ha expresado su inconformidad con el desarrollo del proceso de inscripción. 

Entre los señalamientos más recurrentes, algunos estudiantes manifiestan que el criterio de nuevo ingreso utilizado para determinar la elegibilidad no contempla situaciones particulares de ciertas facultades, donde procesos internos como rifas de cupo o inscripciones escalonadas por ejemplo, entre septiembre y enero, dejarían a algunos alumnos sin posibilidad de calificar en ningún ciclo. Otros estudiantes refieren haber enfrentado fallas técnicas durante el registro, como mensajes de CURP no disponible en la plataforma, lo que, según narran, los llevó a acudir de manera presencial a las instalaciones de la Secretaría en busca de una solución. Según estos mismos testimonios, un grupo de estudiantes presentó un oficio o pliego petitorio ante la dependencia, del cual de acuerdo con lo que ellos mismos reportan, hasta el momento solo habrían recibido un acuse de recibo, sin que se haya concretado la mesa de diálogo que solicitan.

En los comentarios de las publicaciones oficiales, la propia Secretaría de Bienestar respondió directamente a algunas de estas inquietudes, confirmando en al menos un caso documentado que el plazo de prerregistro ya había finalizado al momento de la consulta.

Casos como este ponen en evidencia una tensión más amplia que atraviesa al sistema educativo, no solo en Yucatán sino en gran parte del país y, en cierta medida, del mundo. Aunque la educación superior pública en México no siempre implica el pago de una colegiatura, el acceso real a ella suele estar condicionado por una serie de factores económicos indirectos: el costo del transporte, los materiales de estudio, el gasto en alimentación o vivienda para quienes deben mudarse de ciudad, y sobre todo el tiempo que un joven deja de dedicar a un empleo remunerado mientras estudia. A esto se suma que quienes llegan a la universidad con una preparación académica más sólida, producto muchas veces, de haber tenido acceso a mejores escuelas o recursos desde niveles educativos previos; parten con ventaja frente a quienes no tuvieron esas mismas condiciones. Por ello, los programas de becas no son solo un beneficio adicional, sino una de las principales herramientas con las que cuenta el Estado para intentar equilibrar esas diferencias y garantizar que el derecho a la educación no dependa únicamente de la situación económica de cada familia.

Es en este contexto donde programas como la Beca Juventudes Renacimiento adquieren especial relevancia y donde las fallas en su implementación generan un impacto que va más allá de lo administrativo. Cuando un programa se presenta públicamente como un apoyo para todos los estudiantes universitarios, pero en la práctica enfrenta fallas técnicas en el sistema de registro, criterios de elegibilidad que excluyen a ciertos grupos de manera no siempre justificada, o procesos poco transparentes, la consecuencia no se limita a un trámite fallido: para varios estudiantes, especialmente aquellos que dependen de este tipo de apoyos para sostener su semestre, puede representar la diferencia entre continuar con su formación académica o tener que interrumpirla.