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Romantización de la maternidad e inacción institucional obligan a niñas vulneradas a maternar en Yucatán

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Especialistas alertan sobre los riesgos para la salud y la vida de menores embarazadas en la entidad, mientras señalan la falta de capacitación en la NOM-046 dentro de los organismos de protección infantil.

Por Claudia V. Arriaga Durán

Mérida, Yucatán, 28 de septiembre de 2026. Las niñas y adolescentes en periodo de gestación que ingresan para su resguardo al Centro de Asistencia Social (CAS) Casa Otoch —debido a situaciones de vulnerabilidad— deben recibir acompañamiento de personal especializado en psicología para poder ejercer sus derechos sexuales y reproductivos, los cuales incluyen la interrupción del embarazo y la prioridad de su proyecto de vida.

Cuando la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes de Yucatán (PRODENNAY) traslada la responsabilidad de decidir sobre la interrupción del embarazo a niñas de tan solo 10 años, en un entorno donde aún se romantiza la maternidad, invisibiliza e incumple el principio del interés superior de la niñez, el cual constituye un derecho y un mandato constitucional.

“PRODENNAY no puede limitarse a decir que se debe dar la opción de decidir a las niñas. Si cualquiera de nosotras tuviera 10 años y estuviera embarazada, tras haber crecido en esta cultura de romantización de la maternidad y el cuidado de los bebés, por supuesto responderíamos que no queremos abortar”, expuso Amelia Ojeda Sosa, coordinadora jurídica de UNASSE.

En julio de este año, el director de Casa Otoch, Walter Mena, reveló que la institución mantenía en resguardo a siete menores en proceso de maternidad, entre ellas una niña de apenas 12 años. De ese total, cinco ya habían dado a luz y dos continuaban en gestación con casi dos meses de embarazo. Al ser cuestionado sobre si se les brindó la posibilidad de interrumpir la gestación, se limitó a señalar que la PRODENNAY es la instancia responsable de orientarlas.

“Por eso debe intervenir el área de psicología: para lograr que el proceso de aborto no sea vivido con violencia ni con la culpa de haber terminado con la vida de un bebé. Se debe realizar un trabajo de clarificación porque, en ese momento, existirá lo que podemos llamar un conflicto; posteriormente, la niña podrá continuar con su vida de la mejor manera”, precisó la defensora.

Ojeda Sosa advirtió además que existe una falta de capacitación en la NOM-046 de salud pública entre el personal de todas las instituciones que trabajan con la niñez y con perspectiva de género.

“Desde los 10 años no es recomendable cursar un embarazo debido al alto riesgo para la salud y la vida. Además, al tratarse de un tema de violencia sexual, entra en juego la NOM-046. Esta norma establece claramente que a partir de los 12 años no se requiere de quien ejerza la tutoría. Sin embargo, en menores de 12 años, si no se cuenta con los tutores, interviene la autoridad facultada, que lamentablemente es la PRODENNAY. Ahí se requiere un trabajo inmenso; considero que existen demasiados vicios y funciona como un hoyo negro: cualquier persona que llega con la mejor intención termina absorbida por el sistema”, lamentó.

Durante el foro “Yucatán hacia el derecho a decidir”, celebrado en las instalaciones de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán (CODHEY) en el marco del Día de Acción Global por el Acceso al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, se dio a conocer que el programa de Aborto Seguro del Hospital Agustín O’Horán atendió a 1 947 usuarias entre 2022 y septiembre de 2026. Del total de atenciones, el 47.6 % se realizó mediante medicamentos para la interrupción legal del embarazo, mientras que el 33.9 % se gestionó a través de Aspiración Manual Endouterina (AMEU). Asimismo, el 3.7 % de las mujeres atendidas acudió para interrumpir una gestación producto de una agresión sexual.

Por su parte, Maribel Flores Aguilar, psicóloga que acompaña a las usuarias del programa Aborto Seguro, detalló que no existen evidencias psicológicas de que un aborto voluntario desencadene trastornos mentales, a diferencia de lo que ocurre al llevar a término un embarazo no deseado.

“Una experiencia tan compleja no puede reducirse a un estereotipo. La realidad y la experiencia demuestran que, aunque inicialmente se presente como un conflicto, la gran mayoría de las personas vive la resolución con un profundo alivio. Muchas de las voces que generan interferencia provienen de la cultura, la religión y la familia”, concluyó.