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11 años después: recapturan al operador del Cártel de Sinaloa en Yucatán, «El Rey Chamula»

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Por Claudia Arriaga.

Yucatán, 23 de septiembre de 2026.- El caso de Domingo G. P., conocido como «El Rey Chamula», expone de manera cruda las fracturas e inconsecuencias de un sistema de justicia criminal que tarda más de un decenio en hacer cumplir sus propios fallos. Identificado por las fuerzas federales como un operador clave del Cártel de Sinaloa en Yucatán, este personaje encarna el fenómeno de la impunidad garantizada por los artilugios procesales: una década de vaivenes judiciales para una sentencia que originalmente debía consumarse en siete años.

La cronología de los hechos dibuja un panorama desconcertante sobre el accionar de los tribunales. Capturado en 2015 en Telchac Puerto junto a Daniel «N» en posesión de 27 paquetes de cocaína y armamento de uso exclusivo del Ejército, «El Rey Chamula» recibió una condena formal de siete años de prisión. Sin embargo, apenas un año después, en julio de 2016, ambos detenidos lograron abandonar la cárcel amparados en recursos jurídicos. Esta liberación anticipada no solo dejó al descubierto la debilidad de las imputaciones iniciales o la laxitud del criterio judicial de la época, sino que devolvió a las calles a un perfil catalogado como de alta peligrosidad para la península.

Resulta sintomático de la parsimonia institucional que la Fiscalía General de la República necesitara cuatro años adicionales, hasta 2020, para tramitar las órdenes de reaprehensión correspondientes. Más grave aún es el tiempo transcurrido para la ejecución de dichos mandatos: mientras Daniel «N» fue recapturado en 2022, el paradero de «El Rey Chamula» permaneció sin resolver hasta su detención el pasado 5 de septiembre en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

La captura efectuada por la Policía Federal Ministerial y el posterior traslado del procesado al Centro de Readaptación Social de Mérida ponen de manifiesto una efectividad policial tardía. La ciudadanía atestigua un procedimiento que requirió 11 años, dos aprehensiones y un recorrido itinerante entre Yucatán y Chiapas para que un criminal de alto impacto comience a saldar una pena dictada en 2015. El reingreso de Domingo G. P. al penal meridano bajo la autoridad del Juez Segundo de Distrito cierra un ciclo de impunidad temporal, pero reabre el debate sobre las fisuras legales que permiten a los brazos operativos del crimen organizado eludir la cárcel con alarmante facilidad.