Texto y fotografía por Sofía Vital
Un brigadista es, antes que nada, un voluntario formado para actuar cuando todo lo demás ha colapsado. Bomberos, paramédicos, ingenieros y guías caninos que dedican meses de entrenamiento a una habilidad muy concreta: entrar a un edificio derrumbado, leer sus riesgos y sacar con vida a quien quedó atrapado bajo el concreto. No trabajan solos. En cada misión de este tipo suele haber también un «binomio», el equipo que forman un rescatista y su perro de búsqueda, adiestrado para detectar el olor humano entre toneladas de escombro donde ningún sensor ni cámara de fibra óptica llega con la misma precisión. El binomio no es un acompañante: es, muchas veces, la diferencia entre encontrar a alguien a tiempo o no encontrarlo nunca.
Esa es la lógica detrás de la Brigada de Rescate Internacional Cancún (BRIC), fundada el 11 de enero de 2011 en Quintana Roo. Desde entonces, la organización se dedica a la asistencia humanitaria y de rescate en emergencias y desastres, tanto dentro de México como fuera de él, acreditada por el Sistema Nacional de Protección Civil bajo la designación MEX-11.
La noche del 24 de junio de 2026, Venezuela fue sacudida por un doblete sísmico: dos terremotos, de magnitud 7.2 y 7.5, con apenas segundos de diferencia entre uno y otro. El estado de La Guaira, en la costa caribeña del país, resultó el más golpeado, con edificios de hasta 18 niveles colapsados por completo o de forma parcial. La cifra de víctimas creció rápido en los días siguientes y la comunidad internacional comenzó a movilizar equipos de búsqueda y rescate hacia la zona.

La BRIC hizo pública su disposición para sumarse a esa respuesta, pero enfrentaba un obstáculo inmediato: no contaba con la manera de trasladar a su personal y su equipo hasta Sudamérica. La brigada lanzó entonces un llamado abierto a la aerolínea Volaris, pidiéndole apoyo para volar. La respuesta llegó en cuestión de horas: Volaris se ofreció a trasladar al contingente, primero en un vuelo comercial hasta Toluca y después en un vuelo especial de ayuda humanitaria rumbo a Venezuela.
El grupo, integrado por 10 rescatistas quintanarroenses y un binomio canino, cuyos integrantes son:
Jan uribe perez
12/01/1985
N02353615
Ángel jaime arceo Ávila
06/09/1976
N12244252
Sergio Velázquez Ortiz
24/12/1960
N00589075
Mario Geovani Alvarado Crespo
31/08/1983
N00726464
Antonio Balandrán Sosa
30/06/1967
G42941234
Benjamin Alberto Heredia Monforte
17/11/1992
N06925255
Víctor Ángel Mendoza Ibarra
1/10/1973
N110954832
Enrique Ochoa Delgado
09/01/1975
N23029103
Jessica Téllez Guevara
09/07/1988
N06928708
Citlalli de Jesús Pérez Hernández
01/10/1991
N05211283
Canino Munek
Chip 000002504432
Despegaron de Cancún el 27 de junio y llegaron a territorio venezolano con cerca de 800 kilos de equipo especializado: cámaras de fibra óptica para inspeccionar espacios confinados, mototrozadoras, martillos demoledores, equipo prehospitalario y material para instalar un campamento autónomo, todo lo necesario para operar sin depender de la logística local durante los primeros días, los más críticos para localizar sobrevivientes.
Ya en territorio venezolano, la brigada fue asignada principalmente a la zona costera de La Guaira, una de las más devastadas por los sismos, donde coordinó su trabajo con los cuerpos de emergencia locales y con otros equipos internacionales, entre ellos los de Alemania y Argentina.
Durante los días que duró el despliegue, el equipo operó en 16 ubicaciones distintas y evaluó más de veinte estructuras afectadas. El saldo del trabajo fue agridulce: lograron localizar a más de 40 personas en el interior de los escombros, aunque, lamentablemente, ninguna con vida. «Es un tema complicado», resume Enrique Ochoa, coordinador de emergencias de la BRIC, al recordar que entre las víctimas había niños y adultos mayores.

En ese trabajo fue clave Muúneek, la binomio canino de la brigada: una perrita blanca y negra entrenada desde los tres meses de edad y certificada internacionalmente en operaciones de búsqueda. Ochoa la describe como una pieza fundamental del operativo: «hizo un excelente trabajo, fantástico», dice, y añade que su desempeño fue «reconocido inclusive por equipos de otros países como Alemania o Argentina con quienes estuvimos trabajando de la mano». Bajo el mando de su guía, Muúneek fue evaluando, junto con los rescatistas, cada estructura antes de que el personal humano entrara, ayudando a despejar zonas para aislar cualquier rastro de vida entre el concreto.
El trabajo de la BRIC no se limitó a buscar y localizar. Antes de irse, el equipo capacitó y acompañó a bomberos y cuerpos de emergencia locales en técnicas de corte, remoción selectiva de escombros y uso seguro de herramientas especializadas, con la idea de que fueran ellos, los equipos venezolanos, quienes pudieran continuar las labores de extracción bajo estándares seguros una vez que los brigadistas mexicanos regresaran a casa. Como explicó Ochoa, el proceso de búsqueda ya concluyó del todo en Venezuela: el país entró en una etapa de reconstrucción cuyo objetivo, dijo, es «recuperar la sociedad como se encontraba antes».
A inicios de julio, con su misión de búsqueda ya concluida, la BRIC se encontró sin una forma garantizada de volver a México: 10 rescatistas, un binomio canino y cientos de kilos de equipo especializado estaban listos para desmovilizarse, pero la brigada no contaba con recursos propios para cubrir el regreso.
Por eso, la organización pidió apoyo a la ciudadanía, a empresarios y a quien quisiera colaborar, para reunir el dinero del traslado. La brigada explicó que su misión ya había concluido en el terreno, y que ahora tocaba, en sus palabras, que la gente les echara la mano para poder volver a su tierra.

Por un lado, la campaña «Operación Humanitaria México-Venezuela», impulsada por CISVAC Fundación A.C. junto con la Dimensión Pastoral de Migrantes de la Diócesis de Cancún-Chetumal, se logro compartir y recaudar fondos; se gestionó, junto con Copa Airlines, una tarifa humanitaria especial de 282.22 dólares por brigadista que incluia dos maletas documentadas de hasta 50 libras por pasajero.
Por otro lado, según relató Enrique Ochoa, coordinador de emergencias de la BRIC, el vuelo de regreso fue gestionado directamente por la Secretaría de Relaciones Exteriores a través de la Cancillería, y en él viajó también el equipo de la Cruz Roja Mexicana que operó en Venezuela: mientras la BRIC llegó a Cancún, el contingente de la Cruz Roja continuó hasta la Ciudad de México.
A la par de estas gestiones, se sumó un donativo de Viva Aerobus, gracias al cual los recursos reunidos no solo alcanzaron para el regreso del contingente completo, sino que además permitieron destinar parte de lo recaudado al envío de ayuda humanitaria a Venezuela. CISVAC Fundación A.C. continuará recibiendo y canalizando apoyo prioritario para el país sudamericano.
Ya de vuelta en Cancún, Enrique Ochoa, coordinador de emergencias de la BRIC, habló sobre cómo se sentía tras la misión: «ya cansado, pero feliz. Muy contento de estar aquí de vuelta, muy contento de estar de regreso con la familia, muy feliz de poder ver a mis hijos».

Sobre lo más difícil de la misión, Ochoa no lo dudó: «muy complicado, muy complicado, porque estamos hablando de que estaban las familias, muchas personas que estaban… muchas personas fallecidas, niños, adultos de la tercera edad».
Con la etapa de búsqueda cerrada, el coordinador explicó qué sigue para el equipo: primero descansar, después una Reunión Posterior al Incidente (RPI) para revisar lo actuado, y luego retomar la capacitación anual con la que la brigada se prepara para su próxima reacreditación ante el Gobierno Federal como equipo USAR, prevista para 2027. «Tenemos un montón de equipos que trabajar todavía, un montón de asuntos que tenemos que atender», resumió.
Ochoa también tuvo un mensaje para Venezuela y para México. Sobre el pueblo venezolano, dijo: «estamos muy orgullosos de los venezolanos como pueblo, son un pueblo muy solidario y que está trabajando por reconstruir su país con mucho esfuerzo. Entonces, desearles toda la buena fe y las mejores intenciones». Y hacia su propio país: «gracias por su solidaridad, gracias por su apoyo, porque como equipo mexicano estamos muy orgullosos de portar nuestra bandera y de ser el equipo MEX-11 y portar el nombre de nuestro país».
Con esa desmovilización, la Brigada de Rescate Internacional Cancún cerró una nueva misión internacional, la más reciente en una historia que, desde 2011, ha llevado a sus voluntarios a distintos escenarios de desastre, siempre bajo la misma premisa: llegar donde más se necesita, con la preparación y el equipo para hacer la diferencia.




