Texto y fotografías por Sofía Vital
En un campo de sóftbol no solo se aprende a batear, lanzar o correr detrás de una pelota. También se aprende a resistir, a confiar y a levantarse después de cada caída. Para Meredith Alexandra de 18 años y Danna Campa Beltrán de 16 años; dos hermanas que encontraron en el diamante una pasión compartida, el deporte se convirtió en mucho más que una actividad extracurricular: se transformó en un espacio de unión familiar, crecimiento personal y empoderamiento.
Aunque nacieron en Ciudad de México, ambas crecieron en Mérida, ciudad donde comenzaron a construir una historia marcada por entrenamientos, sacrificios y sueños dentro del softbol. Lo que inició como una curiosidad heredada por su padre terminó convirtiéndose en una forma de vida. Hoy, Meredith se encuentra representando a Yucatán en un torneo nacional en Nayarit, mientras Danna continúa formándose y creciendo dentro del deporte que ambas aprendieron a amar desde niñas.
Desde pequeñas, las hermanas acompañaban a su papá a partidos de béisbol los sábados por la mañana. Entre el sonido de los bates, las bromas de los jugadores y la convivencia en el campo, Meredith y Danna, descubrieron que querían pertenecer a ese mundo:
“Veía cómo convivían todos, cómo se apoyaban y desde ahí el deporte me empezó a llamar muchísimo la atención”, recuerda Mer.
Sin embargo, abrirse camino no fue sencillo. Cuando comenzó Mer a practicar béisbol a los siete años, todavía existía la idea de que era un deporte “para hombres”. Su madre incluso intentó orientarla hacia otras disciplinas como el ballet, pensando que sería más adecuado para ella.
“Yo le decía que no me gustaba. Había algo en mí que me decía que ese no era mi lugar”, cuenta Mer.
‘Por otor lado Danna, también tuvo una gran pasíon por ser parte de este deporte desde el inicio, aunque cuenta que si tenia un poco de miedo, eso la llevo a querer seguir y ser una profesional en el deporte, ella recuerda perfectamente la primera vez que tomó un bat:
“Me dio muchísimo miedo. Estaba muy nerviosa y ni siquiera pude pegarle a la pelota”, admite entre risas. Pero aquel momento también le dejó una enseñanza que hoy repite constantemente: no rendirse.
“Aprendí a intentarlo aunque tenga miedo”, afirma Danna.

El reto, sin embargo, apenas empezaba: durante mucho tiempo, ella y su hermana fueron las únicas niñas dentro de equipos conformados casi completamente por hombres. Recordaron que, durante mucho tiempo, eran vistas como “muy delicadas” por el simple hecho de ser mujeres dentro de un deporte dominado principalmente por hombres.
Lejos de detenerlas, esa experiencia terminó fortaleciendo su carácter. Ambas aprendieron a convivir con el miedo, los errores y la presión que implica competir dentro de un deporte exigente.
Con el tiempo, ambas comenzaron a crecer dentro del softbol. Pasaron por distintos equipos, entrenaron durante años y aprendieron a combinar los estudios con jornadas intensas de práctica. Actualmente dedican hasta seis días a la semana al deporte, tanto en sus equipos como en el patio de su casa, donde continúan entrenando juntas.
Para Meredith, el softbol también representa disciplina. Mientras se prepara para terminar la preparatoria y estudiar medicina, mantiene el equilibrio entre tareas, entrenamientos y competencias nacionales.
“Siempre intento dividir mis tiempos para que todo me dé”, comenta.
Su esfuerzo la llevó recientemente a convertirse en capitana del equipo que se encuentra representando a Yucatán en un torneo nacional estudiantil en Nayarit, una oportunidad que jamás imaginó alcanzar cuando comenzó a jugar siendo niña.
“La verdad nunca pensé llegar hasta aquí. Representar a Yucatán en un deporte que amo se siente muy bonito”, expresa emocionada.
Danna, por su parte, sueña con llegar a un equipo de primera fuerza y continuar creciendo dentro del softbol. Aunque reconoce que a veces la frustración aparece cuando las cosas no salen bien, asegura que el deporte también le ha enseñado a ser paciente consigo misma:
“A veces me enojo cuando algo no me sale, pero he aprendido que todo es cuestión de práctica y disciplina”, dice.
Entre sus recuerdos favoritos de Danna, está un partido donde atrapó un elevado de manera casi inesperada y consiguió un out decisivo para que su equipo ganara: “No sé ni cómo lo hice, pero pasó”, recuerda entre carcajadas.
Más allá de los logros deportivos, ambas coinciden en que lo más valioso ha sido compartir el proceso juntas. Entre entrenamientos, viajes y partidos, construyeron una relación que va más allá de ser hermanas.
“Cuando ella no juega conmigo siento que me falta una parte de mí”, confiesa Meredith mientras que Danna también lo tiene claro: entre ellas nunca ha existido rivalidad. No se trata de competir entre ellas sino de apoyarse mutuamente. El respaldo de su familia ha sido fundamental durante todo el camino. Su madre, quien al principio dudaba sobre permitirles practicar el deporte, hoy es una de sus principales apoyos. Su padre, quien les transmitió el amor por el diamante, continúa impulsándolas a disfrutar el juego y confiar en ellas mismas.
“Amen el deporte y hagan lo que les gusta”, recuerdan que siempre les dice.

Además del crecimiento deportivo, ambas consideran importante hablar de temas que pocas veces se visibilizan dentro del deporte femenil, como la menstruación y los tabús que todavía existen alrededor de las mujeres atletas.
“Es algo normal y ya debería dejar de verse como un tema incómodo”, señala Danna, quien asegura haber tenido entrenadores comprensivos durante esos momentos.
Hoy, mientras continúan entrenando y persiguiendo nuevos objetivos, las hermanas Campa Beltrán también buscan convertirse en ejemplo para otras niñas que sueñan con practicar deportes considerados “rudos” o “difíciles” para mujeres.
“Que nunca se rindan”, dice Meredith. “Aunque fallen muchas veces, si siguen intentando pueden llegar muy lejos”.
Danna comparte el mismo mensaje: “Al principio nadie es perfecto, pero con disciplina y esfuerzo sí se puede lograr”.
En cada entrenamiento, en cada partido y en cada pelota atrapada, ambas hermanas siguen demostrando que el softbol no solo forma deportistas. También forma mujeres fuertes, disciplinadas y capaces de abrirse paso dentro y fuera del campo.




