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Alarma en Mérida por bacteria en lago artificial: la tragedia que destapó negligencia y opacidad en un complejo recreativo

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Por: Proyectos Libres

Mérida, Yucatán, 15 de septiembre de 2026.- La confirmación del primer caso registrado en Yucatán de meningoencefalitis amebiana primaria ha encendido focos rojos sobre los controles sanitarios en los espacios recreativos privados de la entidad. El fallecimiento de Carlos, un joven deportista de 33 años que trabajaba como instructor de wakeboard en el lago artificial operado por la empresa Fornelos en Mérida, sacó a la luz la presencia de Naegleria fowleri, un microorganismo letal que prolifera en aguas estancadas y cálidas.

El caso tomó un giro crítico tras los análisis del Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (InDRE) y la Red Nacional de Laboratorios de Salud Pública, cuyas muestras confirmaron la presencia de la ameba en el cuerpo de agua donde el instructor realizaba sus jornadas diarias. La infección, conocida por ingresar al cuerpo a través de los conductos nasales durante actividades de inmersión, derivó en la suspensión inmediata de las instalaciones por parte de la Dirección de Protección Contra Riesgos Sanitarios de la Secretaría de Salud de Yucatán (SSY).

Sin embargo, detrás de los boletines oficiales que aseguran que el estanque está aislado de la red de agua potable y que el riesgo comunitario es nulo, la respuesta corporativa de la plaza y la empresa encargada ha generado profunda indignación. Andrea Avilés, allegada al joven fallecido, denunció públicamente cómo el establecimiento intentó desviar la atención desde un principio: cuando la clausura ocurrió, la firma afirmó que el espacio se encontraba en «mantenimiento rutinario» y negó que los sellos estatales correspondieran a una investigación sanitaria.

Esta falta de transparencia y la ausencia de contacto con la familia del instructor abren serios interrogantes sobre la responsabilidad operativa de estos complejos comerciales. Resulta inevitable cuestionar por qué el personal de la plaza y la administración no detectaron a tiempo las anomalías en la calidad del agua ni aplicaron los protocolos de cloración e higienización que exige la norma NOM-245-SSA1-2010. Si este tipo de amebas solo se desarrollan en cuerpos de agua estancada a temperaturas elevadas, la presencia del microorganismo en un recinto cerrado evidencia un descuido prolongado en el mantenimiento básico.

Asimismo, preocupa el nivel de desprotección en el que trabajaba el personal técnico y la vulnerabilidad a la que estuvieron expuestos los clientes habituales, entre ellos numerosos niños y jóvenes que frecuentaban el lago para practicar deportes acuáticos. La actitud evasiva de la administración frente a los primeros indicios plantea también la duda de si existe una supervisión constante por parte de las autoridades municipales y de salud sobre los crecientes desarrollos inmobiliarios y plazas de Mérida que ofrecen amenidades acuáticas similares.

Mientras el Gobierno del Estado prometió investigar el cumplimiento de las normativas y aplicar sanciones severas a las empresas responsables, el espacio permanecerá clausurado de forma indefinida hasta que nuevas pruebas de laboratorio garanticen la seguridad del agua. Para los allegados a Carlos, la confirmación médica llega tarde para aliviar el dolor de su pérdida, pero deja un precedente indispensable para exigir que la seguridad de los trabajadores y usuarios prevalezca sobre los intereses comerciales.