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Yucalpetén, el muelle donde México no soltó a Cuba

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Texto y fotos de Sofia Vital.

No sé exactamente de dónde salió esa frase, pero sé que fue por un costal de arroz que se había abierto durante el traslado en el camión que llegó con artículos no perecederos que irán hacia Cuba, en el barco bautizado Granma II, pero con el nombre real de Maguro.

Me sorprendió la gran cantidad de artículos y, sinceramente, me sorprendió la gran cantidad de toallas sanitarias y pañales que irá en ese barco. Pensé: sí, están pensando en las mujeres, en los bebés; porque en tiempos de guerra y crisis olvidamos a las mujeres y la dificultad que pasan durante su periodo, y en los bebés, que ellos no saben de guerras, por lo que no pensarán: “¿estará bien pedir que me cambien de pañal o me den un poco de leche?”.

Mientras tomo unas fotos, veo que faltan manos, así que hago a un lado mi cámara y empiezo a bajar cajas y cajas.
“No me lances, traigo el brazo malo”, le comento al chico que estaba arriba del camión y que me pasaba las cosas. Me mira y me dice: tranquila, yo te cuido mientras cuides las cajas.

De repente ya me encontraba acomodando papel de baño y pañales con otras chicas. Por un momento olvidé tomar fotos, ya era parte de la cuadrilla. Era tanta la emoción de ayudar que pensaba llamar a mi jefa y decirle: me voy a Cuba.

Eso, creo que es esa emoción y contagio cuando uno ve ayudar a las personas, encontrar una razón y no olvidar que venimos todos a lo mismo y nos vamos como todos y nos convertimos en polvo. Mientras termino de acomodar el papel de baño, decido adentrarme más al barco, donde están monitoreando en la parte de abajo donde colocan los artículos. También noto que están arreglando el baño: “es que debe quedar bien para que vayan cómodos, no es fácil ir en altamar y luego hasta Cuba”, me dice el chico que estaba trabajando en los detalles del Granma II (Maguro).

Entre los tripulantes a partir hacia Cuba está Saúl, que irá en la flotilla, oriundo de Puebla, pero radica en la ciudad de Mérida y que a sus 23 años decidió ir a acompañar a sus colegas hasta Cuba para llevar todo lo que se ha juntado con la ayuda humanitaria. “Romper el bloqueo”, una frase fuerte para Saúl por la importancia que tiene de que el mundo debe voltear esa monarquía en la que estamos siendo dominados. A pesar de que el tiempo sí será un poco largo (entre 2-3 días), el joven no está tan nervioso; al contrario, esa actitud que lleva desde la mañana entre ordenar cajas, organizar y cargar costales de frijol y arroz, Saúl es un joven que sabe que es momento de que las generaciones de ahora empiecen a apoyarse y cuidarse.

Varios perritos están alrededor del muelle, uno en muy mal estado. Uno que otro de la flotilla les dan agua o algo de comer y me pregunto: cómo estarán los animales allá en Cuba. Sinceramente no vi croquetas en todo lo que están llevando. Pasaron cosas turbias en mi mente, porque Cuba ahora no tiene qué comer, pero al final de cuenta son humanos y algunos tendrán mascotas y estarán también preocupados por ellas.

Cuando dejé de pensar en eso, nuevamente estaba ayudando a la cadena de descarga. Me encontraba en la bodega del barco, noto que es fría y eso es bueno para poder mantener los víveres y no se echen a perder. Lo que no es perecedero se deja en otra bodega donde se nota que no hay ventilación suficiente, porque cuando salieron los chicos que acomodaban esa parte, salieron completamente sudando, pero contentos de ser parte de esta ayuda.

México es muy bien conocido por su ayuda. Recordemos cuando hubo los peores fenómenos naturales y la devastación que han dejado, y nunca, pero nunca, falta la ayuda humanitaria entre mexicanos, porque a pesar de que México también pasa por un desvaivén, no duda en dar la mano a su prójimo.

Thiago Ávila, parte de los pasajeros y uno de los organizadores, comenta que hay un total de 30 toneladas que se llevarán en el barco, por lo que fueron unos tres camiones. También es consciente de que algunas cosas no están completamente bajo el control de ellos. Esto lo dice porque, pasando las cinco de la tarde, el barco seguía en Yucalpetén y apenas se había terminado de descargar el primer camión. Pero la voluntad está ahí: “queremos que salga todo lo necesario lo antes posible, porque ahorita la situación es crítica”.

Sí, hace un momento observaba las redes sociales y veía las protestas en Cuba por la falta de energía eléctrica, y recordé igual en YouTube los en vivo de los cubanos que hacen durante las mañanas y por las noches (gracias a donaciones de antenas para tener internet), contando todo lo que están pasando y la desesperación de hasta golpear por un medicamento.

Por eso Nicole León, marinera y artista, que ha gestionado los barcos que les permitan llegar a Cuba, expresa que las personas que duden de lo que está pasando en Cuba se informen más. También explica que, llegando a Cuba, el ICAP (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos) estará ahí para recibir y apoyar en la repartición con las y los ciudadanos de Cuba.

El día termina y empieza la noche. Granma II aún no se va, pero siguen trasladando las cosas del segundo camión y en espera del tercero. Las pizzas llegaron antes y los activistas deciden descansar un poco mientras comen. Se lo han merecido: el cansancio, el sudor. El clima ayudó un poco, amenizando el intenso calor de Yucatán y hoy, al menos, tuvieron un poco de fresco para no tener tan pesada la carga.

Una carga que va hacia Cuba, de corazón y de libertad.