Por Sofía Vital.
Mérida, Yucatán a 22 de enero de 2026.-La palabra autismo ha cobrado una relevancia inédita en el país durante los últimos años, sobretodo en Yucatán. Lo que antes era un término confinado a los libros de medicina y el diccionario, hoy es el estandarte de una lucha social que exige que la neurodivergencia sea entendida no como un diagnostico académico sino como una realidad cotidiana que las instituciones educativas ya no pueden ignorar.
Es importante precisar que, aunque el autismo es el eje de esta conversación, la neurodivergencia es un concepto paraguas que reconoce que no existe un «cerebro estándar». Este término incluye diversas condiciones como el TDAH, la dislexia, la dispraxia y el síndrome de Tourette, entre otras. Entender esta diversidad es fundamental para que las instituciones educativas dejen de buscar una «solución única» y comprendan que cada estudiante procesa el mundo de manera distinta.
A raíz de lo publicado en Proyecto Libres sobre la situación de la UNAY y Carolina Yupit, la comunidad comenzó a visibilizar casos similares. Se abrió una brecha que durante mucho tiempo estuvo cerrada, permitiendo que salieran a la luz múltiples testimonios de discriminación. Como comunidad, este proceso ha sido ejercicio de participación y solidaridad que, a pesar de las controversias y las opiniones contrarias, ha logrado poner el derecho a la educación en el centro del diálogo público.
Tras semanas de intensa controversia, el caso de Carolina Yupit ha tomado un rumbo institucional. La joven estudiante, cuya denuncia por exclusión en la Universidad de las Artes de Yucatán (UNAY) se volvió viral, ha logrado avances significativos en su proceso de reinscripción, poniendo sobre la mesa una discusión necesaria sobre la neurodivergencia en la vida adulta y la capacidad del sistema educativo en el estado.
El pasado 20 de enero de 2026, la Comunidad Autista Disidente de Yucatán (CADI) realizó un en vivo en redes sociales para abordar los casos recientes de discriminación hacia personas autistas en escuelas de Yucatán. En este espacio, moderado por Enrique Lara y con la participación de las activistas Ingrid Ruz y Lía Valencia, se expusieron puntos críticos:
- Falta de Voluntad vs. Ley: Se señaló que, aunque existe una nueva Ley de Autismo en el estado, las instituciones siguen aplicando una «empatía performativa» que no se traduce en ajustes reales dentro del aula.
- La realidad de las crisis: explicaron que el masking (enmascaramiento) agota a las personas autistas, y que las crisis sensoriales son respuestas dolorosas al entorno, no «caprichos» o «berrinches».
- Burocracia Revictimizante: Se denunció que condicionar las adecuaciones a diagnósticos públicos (cuando ya existen diagnósticos privados válidos) es una traba innecesaria que atrasa el aprendizaje de los alumnos.

Postura de la UNAY
Contrario a las dudas sobre su situación administrativa, Carolina cuenta con la documentación diagnóstica válida y entregó este año su constancia psicoterapéutica actualizada. Los familiares confirmaron que el Rector de la UNAY y el Secretario Académico se reunieron con ellos el pasado lunes para concretar su alta e inscripción.
Al respecto, el Arq. Domingo Rodríguez Semerena, Rector de la UNAY; declaró: «Este caso la muchacha puede inscribirse, de hecho hemos estado en pláticas constantes con ella. Nosotros somos una escuela muy incluyente; tenemos estudiantes con capacidades diferentes y todos son muy bienvenidos». Actualmente, se trabajan los últimos detalles de documentación y las adecuaciones físicas del espacio educativo.
La contraparte: Cuestionamientos y seguridad
A pesar de la apertura institucional, han surgido voces de alerta. Según testimonios que han tratado con la alumna anteriormente, sugieren que el comportamiento de Carolina podría requerir una investigación más profunda de salud mental para no comprometer la estabilidad del grupo. Esta postura señala que, en años previos, la alumna no manifestaba crisis ante ruidos fuertes, por lo que instan a los medios y a la universidad a evaluar si la estudiante cuenta con el apoyo clínico adecuado para retomar la práctica académica sin riesgos.
Desafíos estructurales: Docentes y Sociedad
Este conflicto ha desnudado fallas críticas en el sistema educativo yucateco:
1.- Inexistencia de Accesibilidad Real: Más allá del discurso, persiste una carencia de herramientas pedagógicas y ajustes razonables diseñados específicamente para el aprendizaje neurodivergente, lo que convierte la estancia escolar en una carrera de obstáculos.
2.- Abandono y Desmantelamiento Docente: Existe una desatención institucional hacia el profesorado. Actualmente, los docentes se ven obligados a costear con recursos propios capacitaciones especializadas, las cuales suelen tener precios elevados, ante la falta de programas públicos que financien su profesionalización en necesidades educativas especiales.
3.- Vacíos en el Diagnóstico y Apoyo Integral: El sistema falla al no ofrecer diagnósticos oportunos ni acompañamiento integral en ninguna etapa de la vida, desde la infancia hasta la vejez. A esto se suma el alto costo económico que representa la neurodivergencia en México; ante la falta de servicios públicos gratuitos y eficientes, las familias y los adultos deben costear diagnósticos privados, terapias y herramientas de apoyo cuyos precios son, en muchos casos, inalcanzables. Esta realidad profundiza la brecha de desigualdad, dejando sin opciones a quienes no cuentan con los recursos para pagar por su derecho a una vida digna y comprendida.
Este caso pone de manifiesto que la sociedad aún carece de la preparación e información necesarias para abordar la complejidad de la neurodivergencia, tanto en la infancia como en la madurez. Es fundamental comprender que un diagnóstico en la edad adulta no solo es posible, sino que representa un proceso de vida sumamente difícil; para muchas personas, es el momento en que finalmente logran entender una vida entera de desafíos invisibles.
Es necesario subrayar que los desafíos de la neurodivergencia en la adultez trascienden las aulas. No debemos olvidar que esta falta de protocolos y sensibilidad se extiende al ámbito laboral, donde se han documentado casos de personas despedidas o marginadas de sus empleos tras revelar su condición. Estas experiencias confirman que la discriminación estructural no solo vulnera el derecho al aprendizaje, sino también el derecho fundamental al trabajo digno y a la estabilidad económica de las personas autistas.
Aunque la ciencia médica avanza a nivel global, en México el acceso a diagnósticos y tratamientos especializados suele ser lento y limitado. Ante este vacío institucional, han sido las propias personas neurodivergentes quienes han tomado la iniciativa de crear sus propias soluciones. Un ejemplo destacado es Neuro Dive AI, una plataforma desarrollada por la neurobióloga Julieta Sarmiento-Ponce. Al igual que Carolina, Sarmiento-Ponce descubrió su autismo y tdh en la adultez, una revelación que la empoderó para diseñar herramientas especializadas bajo una premisa clara: ser neurodivergente no es poseer un «defecto», sino representar una de las múltiples y valiosas variaciones en el funcionamiento del cerebro humano.




