Texto por Sofia Vital
Vecinos de la colonia Felipe Carrillo Puerto, Mérida; reportaron la muerte de varios perros sobre la calle 16, entre 15 y 17, luego de que presuntamente consumieran alimento contaminado. Los hechos ocurrieron la noche del miércoles 29 de julio, frente a un predio que previamente había sido asegurado por las autoridades.
De acuerdo con la información oficial, al menos seis perros resultaron afectados y cuatro murieron en el lugar. Algunos de los animales presentaban espuma en el hocico, un signo compatible con intoxicación aguda. Entre las víctimas se encontraba una perrita en etapa de lactancia.
En el sitio, los vecinos localizaron bolsas con alimento que serán analizadas como parte de las indagatorias. El Servicio Veterinario Forense intervendrá para determinar de manera oficial la causa de muerte de los animales.
Los habitantes señalaron que intentaron reportar el caso a través de la aplicación del Ayuntamiento de Mérida, pero la plataforma presentó fallas, por lo que acudieron directamente a las instalaciones de la Fiscalía General del Estado (FGE) en Cordemex para formalizar la denuncia. La FGE confirmó la apertura de una carpeta de investigación para esclarecer los hechos y determinar responsabilidades.
La legislación yucateca distingue entre ambas figuras. A grandes rasgos, el maltrato se asocia con actos u omisiones, privar a un animal de aire, luz, alimento, agua, espacio o abrigo; mientras que la crueldad implica actos deliberados de brutalidad que provocan sufrimiento innecesario antes de causar la muerte.

Envenenar deliberadamente a un grupo de perros con comida contaminada, colocada de forma intencional en la vía pública, encaja en la definición de crueldad: no se trata de una omisión, sino de una acción premeditada orientada a causar daño. Además, el hecho de que los animales hayan presentado espuma en el hocico, señal de convulsiones y una agonía previa a la muerte, podría configurar la agravante prevista en la ley para los casos en que se emplean métodos que provocan sufrimiento grave antes del fallecimiento del animal.
En términos legales, este caso encuadraría en el supuesto de crueldad animal con resultado de muerte, con la posible agravante por sufrimiento previo, aunque la calificación final corresponde a la autoridad ministerial conforme avance la investigación.
Yucatán reformó su Código Penal en abril de 2024 mediante el Decreto 751/2024, conocido popularmente como «Ley Rufo», en referencia al perro asesinado en la colonia Chuburná en 2023. Bajo esta reforma, el Artículo 408 sanciona la crueldad animal que no pone en riesgo la vida del animal con 4 meses a 2 años de prisión y multa de 200 a 400 Unidades de
Medida y Actualización, el Artículo 409 castiga el maltrato o la crueldad que provoca la muerte del animal, con una pena de 4 a 5 años de prisión, más multa de 400 a 800 UMA.
Este no es un hecho aislado. Chuburná y colonias aledañas del norte y poniente de Mérida acumulan un historial extenso de envenenamientos masivos de mascotas en los últimos años, casos documentados en fraccionamientos como Villa Magna, El Porvenir, Xcumpich y la Central de Abastos, entre 2020 y 2025.
En Yucatán, solo en el primer semestre de 2023, la Fiscalía de Yucatán recibió 42 denuncias penales por maltrato o crueldad animal. Para mayo de 2025, Yucatán encabezaba a nivel nacional las denuncias por maltrato animal, con 300 casos en investigación.

México ocupa el tercer lugar en maltrato animal en América Latina, se estima que siete de cada diez animales domésticos son víctimas de alguna forma de maltrato.Pese al número de denuncias, solo se sanciona el 0.01% de los casos reportados, lo que evidencia una brecha muy amplia entre la denuncia y la sanción efectiva. Entre 2019 y 2020, de miles de denuncias por maltrato animal en el país, apenas 155 agresores fueron puestos a disposición de las fiscalías estatales (0.06%), y sólo se dictaron 18 sentencias en dos años, con 14 casos de privación de la libertad. Estas cifras reflejan un patrón: la ley existe, pero su aplicación efectiva sigue siendo mínima frente al volumen de casos reportados.
Vivimos tiempos de cólera. Tiempos que exigen reafirmar nuestra conciencia como seres humanos y entender, de una vez, que este mundo no nos pertenece: nos fue prestado, y cuidarlo es nuestra obligación, no una opción.
Son ideas que a algunos podrán parecerles demasiado sensibles, demasiado «liberales», pero ya es momento de asumirlas como lo que son: urgentes. Porque nada de esto es solo trabajo del sistema. La sociedad también es un sistema. Uno que se construye, se enseña y se transmite. Y lo que hoy le enseñamos a nuestros hijos, a las generaciones que vienen, se refleja en frases tan crueles como esta:
«Si te estorba, extermínalo.»
Esa frase no debería tener cabida en ninguna conciencia. Y si la tiene, es porque como sociedad todavía nos falta mucho por aprender.



