Por Sofia Vital
Tatiana C. no dejo tomarse una foto, pero me dejo subir una de autoría para poder ilustrar todo lo que sentía. La conocí hace muchos años gracias a una clase de emprendimiento en línea. Ella vive en Aguascalientes y tiene 37 años.
“No sé si es por la edad, pero ya no tengo esos pensamientos, aunque en el grupo donde estoy, conocí a una mujer que a sus 45 años sufre depresión postparto y lleva ya diez años en depresión y llego el día que la conocí porque un día antes…bueno tu sabes” me decía Tatiana con una voz seca, podía entender que su corazón se detuvo y su memoria se fue lejos, a pesar de que nos comunicamos en zoom, podía ver que al principio, ella no quería que la entrevistara.
Así que mejor, pedí que apagáramos la cámara y solo escucháramos nuestras voces, que esto, no sería una entrevista, que esto sería una plática entre dos mujeres.
Hablamos de nuestros pequeños emprendimientos, hablamos de los matrimonios y su difícil travesía entre los tabús y costumbres, del dinero que no alcanza y de ahí, cuando mencionamos lo caro que esta todo, ella termina con un “el psicólogo ya es muy caro”.
Hay me atreví entonces a preguntarle si podía recordar por qué a ella la contacté para hacerle una entrevista, obviamente ya sabía pero no sabía bien por qué. Es que un día en las redes sociales, Tatiana había publicado “estoy bien, no se asusten” entonces ese día le mande un mensaje preguntando si estaba bien, porque en ese tiempo, estaba la pandemia y en la pandemia nadie estaba bien.
¿Estás bien? Esa pregunta siempre divaga todos los días en muchas personas que siguen enfrentándose a la obscuridad, tanto así, que aprendieron a caminar en ella, como gatos ariscos pero con una sonrisa.
“Si, estoy bien, solo mi cabeza da vueltas” contesto Tatiana.

Ese día ella se había quedado acostada en el suelo pensando, que tanto podía resistir ante tanta tensión, tristeza, melancolía y desesperación. Como no es el nombre real de Tatiana y como ella me dio permiso de contar un poco de su camino, entonces voy a contar:
Tati C; es una mujer de 2 hermanos, padres divorciados. Por tener dos hermanos, fue inculcada de una manera ruda, todos los días salía con sus hermanos a correr, llegaban, desayunaban y se iban a la escuela. En la escuela, ella dice que no eran muy amables, porque creían que Tati era lesbiana por no ser “femenina”.
“Es que mis hermanos eran muy protectores, siempre me decían: debajo de la falda siempre van a estar, debajo de la falda. Por eso llevaba shorts largos y se veía raro en el uniforme, además de que llevaba un look un poco desarreglada, aunque a veces me peinaba pero cuando iba bien arreglada sentía raro, como incomodo, como culpable. Mi mamá casi no estaba en casa, mi padre simplemente pidió el divorcio y se fue con una mujer más joven, creo eso mi mamá lo sintió y por eso a veces solo llegaba, comía y se iba a su recamara”.
Cuando Tatiana me dijo esto, le pregunté: “¿entonces tu mamá también sufrió de depresión?”.
Fue tanto durante la charlo lo que platicamos de nuestras vidas pasadas, algunas coincidían otras no, coincidían mucho con respecto al ser mujer: un periodo es peligroso para mí. Mientras platicábamos, decidí no contar toda su vida, pero si lo que ella sentía.
“Fíjate Sofi, que ese día que me mandaste mensaje, no pensaba en nada, un día antes estaba regalando algunas cosas valiosas para mi incluyendo mi set para hacer pines; porque mi mente solo decía, ya no harás nada, ya no habrá nada. Tenía deudas, una mala relación, las que eran mis amigas jamás se aparecieron, enferme y sola pase el COVID, mis hermanos también pasaban por una mala racha…todo sentía que estaba empeorando”
Ella me dice que no sabía en qué momento empezó todo, esas ideas de soledad, de color gris, de sentir más de lo normal, de llorar al ver caer una hoja, de llorar cada vez que se duchaba, de llorar al ver que no se solucionaba una que otra cosa, de solo llorar.
“Me pinche una vez con un… para sentir algo, le escribía a una amiga pero solo me decía que era mi periodo o que era la medicina y que solo exageraba. ¿Exagerar?”
De repente hicimos una pausa, el hermano de Tatiana le había llamado por teléfono.
“Es que vamos a salir mañana con los sobrinos, pero como no me había dado tiempo de confirmar, vamos a ir a ver a mi mamá, a llevarle flores”.
La mama de Tatiana falleció en la pandemia, ella ya tenía un rato teniendo problemas con la depresión pero su mamá la llevaba a terapia, esto paso por el divorcio de sus padres y el bulling que padecía en la escuela, pero con el tiempo lo fue resolviendo hasta que llego la pandemia.
“Sabes, la verdad fue, cuando falleció mamá; sentí que todo se me iba, ella sabía que era estar triste, entre las dos salimos del hoyo, pero cuando se fue, ese agujero volvió a abrirse y esta vez estaba sola. Nadie de mis mejores amigas me llamaron para saber cómo estaba, sabes ¿por qué?, porque según ellas, no publique que falleció mi mama y por eso no sabían. Pero discúlpame, para eso sirve un teléfono ¿no? Llamas y ya, aunque sea un minuto para preguntar cómo va todo, aunque no cuente toda mi vida, pero al menos sabes que uno está bien. Por eso mis hermanos y yo, cada fin nos llamamos, a veces son llamadas cortas, así de: hola, como vas, ah ya ok, ve con cuidado.

El día que Tatiana había decidió partir, quería ver a su mamá. Pero ella tiene la certeza que cuando sentía que caía, algo llego, la abrazo y le dijo “hoy no cariño, hoy no”.
“Me puse a llorar, jamás había llorado de esa manera, entendí que las cosas no eran como yo creía que eran, que necesitaba ayuda y que necesitaba a mi mamá, pero ella ya no estaba, así que sabía que aun así, ella estaría y me guiaría con las personas adecuadas”.
Y justo eso paso, Tatiana está en un grupo Línea de la Vida, conoció a muchas personas que siguen esforzándose y diario entre ellos se preguntan si todo está bien.
Tatiana no me conto con detalle todo lo que paso el día que quería ser una estrella más en este universo, porque al final de cuentas, siempre escuchamos lo mismo: cómo lo hizo. Ella sigue en el grupo de ayuda, dice que ya no está pasando por lo mismo pero quiere ayudar, quiere ser como su mamá. Tomar de la mano a la persona que se siente fatal y decirle: aquí me quedo hasta que estés bien. Actualmente piensa en ser mamá, le da un poco de miento, teme que pase la depresión postparto, pero su pareja le dijo que estará con ella en todo momento.
“Quiero un hijo, es mi sueño. Bueno ya tengo un gatihijo pero necesita un hermanito, no me juzgues. Sé que será difícil, pero sé que, no estaré sola. Además, sé que mi madre estará ahí cuidándome y guiándome. ¿Tú crees en dios Sofi?, yo no creía en nada hasta que pase por ese día, es bueno creer en algo, te da esperanza. Así que cree en algo. Ahorita estamos firmes mi familia y yo, le estamos echando ganas, ya lo viste, pronto vamos a dar de alta el negocio, en el trabajo vamos bien, vamos bien amiga”.
Prendimos la cámara de nuestras computadoras para despedirnos y vi una Tatiana feliz, llorando de alegría. Un llanto que se contagia, porque, en tiempos turbios, siempre debe haber algo que te haga reír para seguir.



