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Mientras haya tierra, habrá resistencia

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Texto y fotografías por Sofía Vital

“¿Por qué están marchando?”, pregunta una joven turista que espera a que le den el paso, mientras un contingente avanza saliendo del Remate, alrededor de las tres de la tarde el 21 de Marzo del 2026. En ese momento, una mujer se le acerca y le entrega un pequeño folleto: “La dignidad del pueblo maya no está en venta”.

“El territorio no se vende. El territorio no se vende”, gritan. La consigna se repite como eco entre las calles. Exigen justicia ante los destierros, pero también frente a quienes han convertido la tierra en negocio y han cometido crímenes contra el medio ambiente: la contaminación del agua y el deterioro del suelo. Porque actualmente, las inmobiliarias y empresas priorizan la ganancia sobre el territorio.

“Defender la tierra no es un delito”, es otra de las frases que sostiene la marcha.

Hay niños, adultos y pocos jóvenes. Resulta extraño no ver a las nuevas generaciones acompañando a sus familias, a su comunidad. Sin embargo, entre el contingente, un joven grita, levanta la voz. Prefiere mantenerse en el anonimato, pero comparte que hacen falta más compañeros de su edad. Dice que muchos sienten vergüenza de su cultura, que han crecido con una idea equivocada de lo que significa el éxito. Para él, el campo no se debe olvidar: es parte de la vida, de la historia.

A pesar de la poca afluencia en el centro de la ciudad, la marcha no se siente vacía. Los caracoles suenan. Alguien imita con silbidos el canto de los pájaros, como si llamara a algo más antiguo, más profundo. Otros cargan instrumentos de música prehispánica, es que nunca murió lo que los ancestros dejaron.

En medio del recorrido, la voz de Bacap, de la comisaría de Molas, irrumpe con claridad. Su testimonio no necesita adornos:

“Nos están despojando de nuestro territorio por una inmobiliaria. Ese es el problema”. Cuenta que fue hace aproximadamente tres años cuando comenzaron a darse cuenta. Descubrieron que su territorio está dentro de la carpeta básica, que es el nacimiento del ejido después de la Revolución. “Ahí dice cuánta tierra tenemos, dónde está. Pero están buscando la forma, dentro de la ley, de despojarnos”.

Bacap también quiere que se sepa que se está contaminando el agua, se está matando la tierra: “todo lo que cae, todo lo que corre sobre la carretera, se va al manto. Se está contaminando. Ya está pasando con las granjas en el estado. Por eso estamos en esta lucha”.

Esta marcha nadie la financia, todos llegaron como pudieron. Hubo personas que donaron para los pasajes, así como agua y alimentos.

“Venimos los que pudimos, pero venimos a representarlos, somos muchos, no se ve, pero somos muchos”, cuenta una señora de Ixil que llegó gracias a unos amigos de la ciudad que fueron por ella y la trajeron para que estuviera en la marcha.

Elena llegó desde Kinchil, con la preocupación del despojo. Ella dice que recibió amenazas ante la negación de querer vender sus tierras.

“Los jóvenes deben defender sus tierras, todos debemos defender lo que nuestros abuelos nos dejaron, tenemos derechos y si no se defienden, entonces nos quitarán todo”.

Al llegar al Palacio de Gobierno, ya se veían un poco cansados, porque hay que recordar que vienen de lejos, muchos de ellos por las mañanas trabajan y, a pesar de todo, lograron llegar. El micrófono pasaba de boca en boca, expresando y denunciando.

Dzitnup, Ixil, Kinchil, Molas, Santa María Chi, Sisal. Se les unieron Caucel, Uayalceh de Peón y Tixkokob, todos reunidos, exigiendo que se respeten sus derechos, así como recordarle a los que estaban observando que ellos no son delincuentes, son defensores y defensoras del territorio.

Una marcha pacífica, una marcha que los siguió uno que otro que los entendía y se incluyó con algún cartel de sobra, una marcha que saben que no fue suficiente, falta mucho, porque por lo que están luchando ha sido complejo, lleno de corrupciones, de falta de investigación, de evidencias.

Pero ahí están.

Siguen.

Y seguirán.

Hasta que no solo hayan sido escuchados, sino hasta que la tierra deje de ser mercancía y vuelva a ser lo que siempre ha sido para ellos: vida.

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