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Nuevo Amanecer: Un techo para la invisibilidad femenina en Mérida

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Por Sofía Vital.

30 de enero de 2026.-En Mérida, las mujeres en situación de calle habitan una zona gris en las estadísticas. No existe un censo preciso que nos diga cuántas son o qué edades tienen, pero la pandemia se encargó de rasgar ese velo de invisibilidad. Durante el confinamiento, la precariedad no se guardó en casa; al contrario, se subrayó en las banquetas.

Lo vi de cerca. Durante meses me sumé al colectivo “Cocinando con Amor” para distribuir alimentos. Ahí, entre platos de comida y miradas esquivas, descubrí que la calle tiene rostro de mujer: rostros de diversas edades, solas, muchas huyendo de una violencia doméstica que las expulsó de sus hogares. En aquel entonces, la impotencia era la constante. No sabíamos a dónde enviarlas, no había un refugio, no existía un «a dónde ir». Aquellas mujeres que conocí no lidiaban con adicciones; simplemente lo habían perdido todo y no tenían un lugar seguro donde resguardar su dignidad.

Si para una mujer con todas las comodidades, el ciclo menstrual es un proceso complejo y a veces doloroso, no puedo alcanzar a imaginar cómo han sobrevivido ellas a esa naturaleza cíclica en el desamparo del asfalto. Tuvo que pasar demasiado tiempo para que la mirada pública se posara sobre ellas, para entender que su escucha y apoyo no eran opcionales, sino una deuda pendiente.

Ocho años después de que esa necesidad se hiciera evidente, esa respuesta que tanto buscamos parece materializarse bajo el nombre de “Nuevo Amanecer”.

Romi Hidalgo, presidenta de la organización Igualdad con Perspectiva, describe este espacio no solo como un centro de rehabilitación, sino como un sueño largamente gestado desde 2017. El proyecto, ubicado en un inmueble otorgado en comodato por el Ayuntamiento de Mérida, busca ser el puerto de llegada para 28 mujeres en modalidad residencial y hasta 25 en atención ambulatoria.

A diferencia de los casos que vi en la pandemia, el panorama actual se ha vuelto más agresivo debido al consumo de cristal. Por ello, el DIF Municipal, encabezado por Gerardo López Fernández, ha decidido apostar por este modelo de colaboración. El Ayuntamiento no solo facilita el espacio físico, sino que integra a la asociación a su padrón de apoyos mensuales, reconociendo que la situación de calle requiere un espacio seguro antes que cualquier juicio.

Pero este refugio no se construye solo con firmas. Existe un tejido invisible de colectivas poco reconocidas que, sin reflectores, llevan años aportando toallas femeninas y artículos de uso personal. Es momento de que este proyecto sirva para hacer unión y enterrar el «primerismo» —esa idea de que ‘yo lo hago mejor’ o ‘yo lo haré solo’. La emergencia que viven estas mujeres no admite egos; exige que la ayuda institucional se encuentre con el esfuerzo ciudadano de base.

La comunidad de la zona, tantas veces infravalorada, ya puso el ejemplo: hace apenas unos días, los vecinos llegaron para limpiar y pintar. En estas calles donde un burócrata difícilmente entraría con un coche del año porque «la zona no se ve acogedora», el proyecto se erige con una dignidad que no entiende de estigmas. La estética de este espacio es un acto de resistencia; un recordatorio de que la «amabilidad yucateca» debe ejercerse aquí, donde más duele.

Al final, “Nuevo Amanecer” es una tregua necesaria. Es la respuesta tardía a aquellas mujeres que conocí en los días oscuros de la pandemia, cuando no había una sola puerta abierta. 

Hoy, esa puerta existe y ha sido pintada por manos que comprenden que la dignidad no es un lujo. Que este espacio sea el compromiso innegociable de una Mérida que decide dejar de ignorar a sus hijas, para empezar a sanar con ellas.