Por Darcy Perez
El pasado 19 de noviembre los vecinos de la calle 62 con 25, ruta utilizada como vía alterna para el paso de camiones de carga y combustible con destino a la terminal remota de Puerto Progreso, bloquearon por más de 40 horas el paso para exigir la apertura del Viaducto Elevado. En respuesta, las autoridades respondieron que el 26 de noviembre la inaugurarían, aún así existen muchas incógnitas y cuestionamientos por los que la comunidad Progreseña siente que fueron ignorados.
Progreso, Yucatán 25 de noviembre de 2025.- Durante la segunda jornada de bloqueo vecinal el pasado diecinueve de noviembre, conocí a las mujeres, hombres y jóvenes quienes con esfuerzo colectivo habían impedido el paso por su calle con motivo de protesta ante la inseguridad y falta de cumplimiento a promesas anteriormente realizadas en un bloqueo previo ocurrido a finales de octubre.
Con carteles de consignas como «Mi calle no es zona industrial» o «Las calles no aguantan su peso, ni nosotros su presencia», las y los vecinos de la calle 62 demostraron su hartazgo a una situación que les prometieron sería provisional en lo que la construcción era terminada, años después, estas calles siguen siendo utilizadas como vías alternas, incluso cuando ya hay una aparente culminación del puente y las casetas de cobro que serán utilizadas por el mismo.
“Ahora sucede que hace pocos meses terminaron el viaducto y quieren dejar estas calles que son cien por ciento zonas habitacionales con escuelas, parques, templos, mercado, las quieren dejar como una ruta alterna al tránsito de carga pesada y pipas con todo tipo de combustible no quieren respetar a los habitantes, es por esto que nos manifestamos”, comentó una vecina, cuya identidad prefirió mantener anónima para destacar que su lucha es en conjunto con los demás habitantes de la colonia.
Además de la preocupación por los materiales peligrosos que suelen llevar este tipo de transportes, los vecinos aseguraron que no hay una regulación real de los límites de velocidad en las que estos camiones se conducen dentro de la ciudad, mencionan que hay videos captados por sus cámaras de seguridad en donde se puede observar a los conductores realizando “carreritas” o rebasando otros camiones, incluso cuando transportan combustible.
La sensación de inseguridad es constante. Ya no pueden caminar por sus calles y que sus hijos salgan a jugar sin el miedo latente de que suceda algún accidente vial que pueda arrebatarles la vida o que la imprudencia de los transportistas pueda ocasionar un siniestro que ponga en riesgo la vida de todos los habitantes de la colonia.
Es difícil para estas personas pensar que, las calles que habían sido suyas desde siempre y aquellas en las que podían convivir libremente con sus familiares y vecinos, ahora sean propiedad de empresas que ponen en peligro, no solamente la infraestructura de sus viviendas, sino también su integridad física.
Tras los estragos comerciales provocados por los bloqueos de las calles 62, 46 y 86, finalmente la comunidad obtuvo una nueva propuesta de fecha para la apertura del viaducto, asegurandoles que, una vez se comience a utilizar este puente, los trailers y camiones dejarán de pasar por la zona residencial.
Sin embargo, la opinión de los vecinos no cambia “No había necesidad de un puente elevado, había otras alternativas, ese puente no tiene seguridad, ese es el riesgo que corremos todos”, dicen cuando se les pregunta si esta es una solución real.
La 82, una lucha olvidada
Cuando el proyecto fue anunciado, las personas de Progreso se inconformaron usando las redes sociales y sitios web. La ciudad apenas se encontraba saliendo de los estragos que habían dejado la contingencia por la pandemia por COVID-19 y las y los progreseños estaban recuperando la tranquilidad de salir de sus hogares sin miedo o restricciones, el que se anunciara una obra de tal magnitud afectando, no solamente a las calles principales del centro, sino a los hogares de familias que incluso llevaban más de 40 años viviendo allí, fue como una ofensa para los vecinos de la calle 82 y diversos ciudadanos quienes se simpatizaron con la causa.
Tan pronto como la noticia se supo, se realizaron juntas vecinales, con diversos planes de acciones para protestar en contra de la construcción del canal que conectará la terminal remota con la carretera Mérida-Progreso, diversas autoridades y las empresas otorgadas con la concesión para la construcción del mismo habían establecido ante los medios que esta decisión había sido tomada después de realizar consultas con los vecinos de la zona.
Esto según para una mejora en el caos vial y para dejar de afectar a los locales que se quejaban, en palabras de ellos, de la cantidad de camiones de carga que pasaban a diario cerca de sus casas.
Sin embargo, la historia de los vecinos era otra, nunca nadie se les había acercado a preguntarles si la obra era algo que necesitaran, fue así como durante varios meses se llevaron a cabo asambleas, peticiones, protestas, una muy significativa protesta durante la quema del mal humor del año 2023 y otras acciones colectivas como la búsqueda de acompañamiento legal para la presentación de amparos que pudieran detener las obras.
Luego de que los juzgados federales fallaron a favor de la construcción y negaron las suspensiones provisionales y/o definitivas de los trabajos en el viaducto durante estos juicios de amparo,mientras también se enfrentaban a las críticas de varios miembros de la sociedad y el abandono de los progreseños cuyas casas no serían afectadas directamente, los ánimos de los vecinos comenzaron a decaer, dejando de lado la lucha por la defensa de sus hogares y aceptando el destino que ya estaba pactado entre gobierno federal y particulares.
Posteriormente, después de varios intentos de impedirlo, los vecinos de la 82 tuvieron que ver cómo a lo largo de estos años de construcción, su tranquilidad se veía afectada por los ruidos de las maquinarias, el polvo, el cierre del paso a sus hogares y vehículos.
A pesar de recibir una cantidad mínima ofrecida por el gobierno por “daños y perjuicios” durante el primer año de la obra, ahora los habitantes tienen que ver cómo sus casas, en las que han vivido toda su vida, han sido sepultadas debajo de una plancha de concreto, trayendo consigo el miedo del paso de los camiones sobre sus techos y la inseguridad de vivir en un área como esa, con poca vigilancia y falta de drenajes adecuados para los días lluviosos.
El mangle, los trabajadores fallecidos en la obra y la nostalgia de una ciudad que ya no es para los progreseños.
No hay que olvidar que, durante la misma obra, se suscitaron los fallecimientos de dos integrantes del personal de construcción, en distintas fechas pero en el mismo mes de octubre del año pasado, personas, en su mayoría hombres, quienes trabajaban largas jornadas en zonas de alto riesgo, que les llevaron a perder la vida.
A pesar de que yacen en el lugar de los hechos, los nichos de madera puestos en memoria de los trabajadores, la obra no se detuvo en ningún momento a pesar de las tragedias, dejando en el olvido la vida de estos hombres convirtiéndolos a ambos en una cifra más.
Otras víctimas silenciosas de este proyecto, han sido la flora y la fauna del manglar de progreso, a pesar de que SEMARNAT, autoridad destinada a proteger zonas de importancia ambiental, determinaron que la construcción del viaducto no afectaría en gran medida, gran parte de lo que ahora es el tramo inicial de esta carretera y donde ahora se encuentran las casetas de cobro del viaducto, eran antes parte de un gran manglar.
Ecosistemas de alta importancia para las zonas costeras, pues además de ser hogar de plantas y animales endémicos de la región, sirven de protección para los fenómenos naturales de riesgo, como huracanes que pueden ocasionar crecientes en el mar y la ciénega, afectando a los pobladores cuyas residencias se encuentran cerca de estas zonas.
A diferencia de lo que muchos comentaban cuando la obra comenzó, esto no solo ha traído consigo afectaciones a los vecinos de la 82 ni a aquellos vecinos cuyas calles se utilizaron durante este tiempo como vías alternas, ni a los trabajadores que perdieron la vida en ella pues aún desconocemos los efectos totales que traerá consigo la tala del mangle y la construcción de una obra tan grande sobre un suelo tan inestable.
Finalmente, para quienes hemos habitado este puerto toda nuestra vida, es imperativo saber y aceptar que las cosas siempre pueden y deben cambiar, sobretodo si es para bien, sin embargo, también somos víctimas de aquello que nos han arrebatado, pues ni las vialidades son mejores, ni la vista es agradable bajo el concreto y el avance como ciudad, parece no haber llegado como prometieron sería con esta construcción.
Cuando las plumas de acceso vehicular se alcen este 26 de noviembre, comenzará una nueva etapa para Progreso. Una etapa que parece beneficiar principalmente a particulares y empresas privadas, mientras las luchas vecinales que marcaron estos años corren el riesgo de desvanecerse en la memoria colectiva.



